Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.
Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?
y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.
Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.
Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.
Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.
Después de esto abrió Job su boca, y maldijo su día.
Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, Así el hombre nace para la aflicción.
He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; Por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.
Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, Cuyo veneno bebe mi espíritu; Y terrores de Dios me combaten.
¿No es acaso brega la vida del hombre sobre la tierra, Y sus días como los días del jornalero?
¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu corazón,
Y aunque tu principio haya sido pequeño, Tu postrer estado será muy grande.
Ciertamente yo sé que es así; ¿Y cómo se justificará el hombre con Dios?
Él es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; ¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?
Él hace cosas grandes e incomprensibles, Y maravillosas, sin número.
Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja, Hablaré con amargura de mi alma.
Vida y misericordia me concediste, Y tu cuidado guardó mi espíritu.
¿Descubrirás tú los secretos de Dios? ¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?
En su mano está el alma de todo viviente, Y el hálito de todo el género humano.
He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; No obstante, defenderé delante de él mis caminos,
El hombre nacido de mujer, Corto de días, y hastiado de sinsabores,
Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, Hasta que venga mi liberación.
He aquí, en sus santos no confía, Y ni aun los cielos son limpios delante de sus ojos;
Mas he aquí que en los cielos está mi testigo, Y mi testimonio en las alturas.
Pasaron mis días, fueron arrancados mis pensamientos, Los designios de mi corazón.
°Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! °Quién diese que se escribiesen en un libro;
Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo;
Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios;
Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.
¿Por qué viven los impíos, Y se envejecen, y aun crecen en riquezas?
Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; Y por ello te vendrá bien.
°Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla.
Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro.
¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?
He aquí, estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; °Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?
Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia?
Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia.
Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo, A cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado.
Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?
°Quién me diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí, Aunque mi adversario me forme proceso.
Ciertamente espíritu hay en el hombre, Y el soplo del Omnipotente le hace que entienda.
El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.
Por tanto, varones de inteligencia, oídme: Lejos esté de Dios la impiedad, Y del Omnipotente la iniquidad.
¿Cuánto menos a aquel que no hace acepción de personas de príncipes. Ni respeta más al rico que al pobre, Porque todos son obra de sus manos?
Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, Que da cánticos en la noche,
He aquí que Dios es grande, pero no desestima a nadie; Es poderoso en fuerza de sabiduría.
He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos, Ni se puede seguir la huella de sus años.
Escucha esto, Job; Detente, y considera las maravillas de Dios.
Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo:
¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.
Cuando alababan todas las estrellas del alba, Y se regocijaban todos los hijos de Dios?
Y dije: Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, Y ahí parará el orgullo de tus olas?
¿Tiene la lluvia padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?
Contra él suenan la aljaba, El hierro de la lanza y de la jabalina;
Cíñete ahora como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me responderás.
¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya?
De sus narices sale humo, Como de una olla o caldero que hierve.
Respondió Job a Jehová, y dijo:
Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti.
¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía.
De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.
Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza.
Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.
Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas,
Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová.
Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró,
Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa?
Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza.
Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.
¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?
Ciertamente yo buscaría a Dios, Y encomendaría a él mi causa;
¿Pensáis censurar palabras, Y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
Abomino de mi vida; no he de vivir para siempre; Déjame, pues, porque mis días son vanidad.
Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, Siendo nuestros días sobre la tierra como sombra.
He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; Pasará, y no lo entenderé.
Si yo me justificare, me condenaría mi boca; Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo.
Tus manos me hicieron y me formaron; ¿Y luego te vuelves y me deshaces?
Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, Y serás fuerte, y nada temerás;
Con Dios está la sabiduría y el poder; Suyo es el consejo y la inteligencia.
¿Cuántas iniquidades y pecados tengo yo? Hazme entender mi transgresión y mi pecado.
Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán.
¿Disputará con palabras inútiles, Y con razones sin provecho?
°Ojalá pudiese disputar el hombre con Dios, Como con su prójimo!
Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen esculpidas en piedra para siempre!
¿Enseñará alguien a Dios sabiduría, Juzgando él a los que están elevados?
Cuando fueren abatidos, dirás tú: Enaltecimiento habrá; Y Dios salvará al humilde de ojos.
Del mandamiento de sus labios nunca me separé; Guardé las palabras de su boca más que mi comida.
Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, ¿Por qué los que le conocen no ven sus días?
Porque ¿cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado, Cuando Dios le quitare la vida?
No se dará por oro, Ni su precio será a peso de plata.
Clamo a ti, y no me oyes; Me presento, y no me atiendes.
No son los sabios los de mucha edad, Ni los ancianos entienden el derecho.
Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho; De barro fui yo también formado.
Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, Y ve todos sus pasos.
Si pecares, ¿qué habrás logrado contra él? Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú?
He aquí que Dios es excelso en su poder; ¿Qué enseñador semejante a él?
Truena Dios maravillosamente con su voz; Él hace grandes cosas, que nosotros no entendemos.
¿Quién es ése que oscurece el consejo Con palabras sin sabiduría?
¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve, O has visto los tesoros del granizo,
¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Saciarás el hambre de los leoncillos,
Encúbrelos a todos en el polvo, Encierra sus rostros en la oscuridad;
Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás.
Y murió Job viejo y lleno de días.
En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
Allí los impíos dejan de perturbar, Y allí descansan los de agotadas fuerzas.
Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo:
Ahora, pues, da voces; ¿habrá quien te responda? ¿Y a cuál de los santos te volverás?
Respondió Zofar naamatita, y dijo:
A lo menos dos cosas no hagas conmigo; Entonces no me esconderé de tu rostro:
Mas el hombre morirá, y será cortado; Perecerá el hombre, ¿y dónde estará él?
Respondió entonces Job, y dijo:
Respondió Elifaz temanita, y dijo:
Respondió Job, y dijo:
Cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo a sus propios ojos.
Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás.
Fueron, pues, Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y Jehová aceptó la oración de Job.
¿Se comerá lo desabrido sin sal? ¿Habrá gusto en la clara del huevo?
Así he recibido meses de calamidad, Y noches de trabajo me dieron por cuenta.
Si fuere malo, °ay de mí! Y si fuere justo, no levantaré mi cabeza, Estando hastiado de deshonra, y de verme afligido.
Con él está el poder y la sabiduría; Suyo es el que yerra, y el que hace errar.
¿Por qué me perseguís como Dios, Y ni aun de mi carne os saciáis?
Que el malo es preservado en el día de la destrucción? Guardado será en el día de la ira.
El extiende el norte sobre vacío, Cuelga la tierra sobre nada.
°Quién me volviese como en los meses pasados, Como en los días en que Dios me guardaba,
He aquí, en esto no has hablado justamente; Yo te responderé que mayor es Dios que el hombre.
¿Cuánto menos cuando dices que no haces caso de él? La causa está delante de él; por tanto, aguárdale.
El trueno declara su indignación, Y la tempestad proclama su ira contra la iniquidad.
¿Quién me ha dado a mí primero, para que yo restituya? Todo lo que hay debajo del cielo es mío.
Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.