°Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, La señora de provincias ha sido hecha tributaria.
¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; Porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor.
Por esta causa lloro; mis ojos, mis ojos fluyen aguas, Porque se alejó de mí el consolador que dé reposo a mi alma; Mis hijos son destruidos, porque el enemigo prevaleció.
°Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sion! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, Y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su furor.
Se sentaron en tierra, callaron los ancianos de la hija de Sion; Echaron polvo sobre sus cabezas, se ciñeron de cilicio; Las vírgenes de Jerusalén bajaron sus cabezas a tierra.
¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalén? ¿A quién te compararé para consolarte, oh virgen hija de Sion? Porque grande como el mar es tu quebrantamiento; ¿quién te sanará?
Jehová ha hecho lo que tenía determinado; Ha cumplido su palabra, la cual él había mandado desde tiempo antiguo. Destruyó, y no perdonó; Y ha hecho que el enemigo se alegre sobre ti, Y enalteció el poder de tus adversarios.
Yo soy el hombre que ha visto aflicción bajo el látigo de su enojo.
Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración;
Acuérdate de mi aflicción y de mi abatimiento, del ajenjo y de la hiel;
Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré.
Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.
Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.
Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca.
Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.
Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud.
Ponga su boca en el polvo, por si aún hay esperanza;
Porque el Señor no desecha para siempre;
Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.
¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?
¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado.
Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová;
Nosotros nos hemos rebelado, y fuimos desleales; tú no perdonaste.
Hasta que Jehová mire y vea desde los cielos;
Invoqué tu nombre, oh Jehová, desde la cárcel profunda;
Te acercaste el día que te invoqué; dijiste: No temas.
°Cómo se ha ennegrecido el oro! °Cómo el buen oro ha perdido su brillo! Las piedras del santuario están esparcidas por las encrucijadas de todas las calles.
Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; Y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus cimientos.
Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, Creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalén.
El aliento de nuestras vidas, el ungido de Jehová, De quien habíamos dicho: A su sombra tendremos vida entre las naciones, fue apresado en sus lazos.
Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido; Mira, y ve nuestro oprobio.
Cayó la corona de nuestra cabeza; °Ay ahora de nosotros! porque pecamos.
Por esto fue entristecido nuestro corazón, Por esto se entenebrecieron nuestros ojos,
Mas tú, Jehová, permanecerás para siempre; Tu trono de generación en generación.
Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; Renueva nuestros días como al principio.
Porque nos has desechado; Te has airado contra nosotros en gran manera.
Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en sus mejillas. No tiene quien la consuele de todos sus amantes; Todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos.
Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre; Ella habitó entre las naciones, y no halló descanso; Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras.
Sus enemigos han sido hechos príncipes, sus aborrecedores fueron prosperados, Porque Jehová la afligió por la multitud de sus rebeliones; Sus hijos fueron en cautividad delante del enemigo.
Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su fin; Por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no tiene quien la consuele. Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido.
El yugo de mis rebeliones ha sido atado por su mano; Ataduras han sido echadas sobre mi cerviz; ha debilitado mis fuerzas; Me ha entregado el Señor en manos contra las cuales no podré levantarme.
Jehová es justo; yo contra su palabra me rebelé. Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor; Mis vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio.
Destruyó el Señor, y no perdonó; Destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob; Echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, Humilló al reino y a sus príncipes.
Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos; Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley; Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.
Decían a sus madres: ¿Dónde está el trigo y el vino? Desfallecían como heridos en las calles de la ciudad, Derramando sus almas en el regazo de sus madres.
El corazón de ellos clamaba al Señor; Oh hija de Sion, echa lágrimas cual arroyo día y noche; No descanses, ni cesen las niñas de tus ojos.
Me guió y me llevó en tinieblas, y no en luz;
Y dije: Perecieron mis fuerzas, y mi esperanza en Jehová.
Que se siente solo y calle, porque es Dios quien se lo impuso;
Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias;
Mis ojos destilan y no cesan, porque no hay alivio
Abogaste, Señor, la causa de mi alma; redimiste mi vida.
Los hijos de Sion, preciados y estimados más que el oro puro, °Cómo son tenidos por vasijas de barro, obra de manos de alfarero!
Los que comían delicadamente fueron asolados en las calles; Los que se criaron entre púrpura se abrazaron a los estercoleros.
Aun han desfallecido nuestros ojos esperando en vano nuestro socorro; En nuestra esperanza aguardamos a una nación que no puede salvar.
Nuestra heredad ha pasado a extraños, Nuestras casas a forasteros.
Nuestra agua bebemos por dinero; Compramos nuestra leña por precio.
Siervos se enseñorearon de nosotros; No hubo quien nos librase de su mano.
Cesó el gozo de nuestro corazón; Nuestra danza se cambió en luto.
¿Por qué te olvidas completamente de nosotros, Y nos abandonas tan largo tiempo?
Todo su pueblo buscó su pan suspirando; Dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para entretener la vida. Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida.
Mira, oh Jehová, estoy atribulada, mis entrañas hierven. Mi corazón se trastorna dentro de mí, porque me rebelé en gran manera. Por fuera hizo estragos la espada; por dentro señoreó la muerte.
Mis ojos desfallecieron de lágrimas, se conmovieron mis entrañas, Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo, Cuando desfallecía el niño y el que mamaba, en las plazas de la ciudad.
Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias; Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor; Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos, Que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles.
Ciertamente contra mí volvió y revolvió su mano todo el día.
Hizo envejecer mi carne y mi piel; quebrantó mis huesos;
Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas;
Me llenó de amarguras, me embriagó de ajenjos.
Mis dientes quebró con cascajo, me cubrió de ceniza;
Desmenuzar bajo los pies a todos los encarcelados de la tierra,
Levantemos nuestros corazones y manos a Dios en los cielos;
Te cubriste de nube para que no pasase la oración nuestra;
Porque se aumentó la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, Que fue destruida en un momento, sin que acamparan contra ella compañías.
Las manos de mujeres piadosas cocieron a sus hijos; Sus propios hijos les sirvieron de comida en el día del quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
Huérfanos somos sin padre; Nuestras madres son como viudas.
Violaron a las mujeres en Sion, A las vírgenes en las ciudades de Judá.
Por el monte de Sion que está asolado; Zorras andan por él.
Sion extendió sus manos; no tiene quien la consuele; Jehová dio mandamiento contra Jacob, que sus vecinos fuesen sus enemigos; Jerusalén fue objeto de abominación entre ellos.
Desechó el Señor su altar, menospreció su santuario; Ha entregado en mano del enemigo los muros de sus palacios; Hicieron resonar su voz en la casa de Jehová como en día de fiesta.
Hizo entrar en mis entrañas las saetas de su aljaba.
Trastornar al hombre en su causa, el Señor no lo aprueba.
Temor y lazo fueron para nosotros, asolamiento y quebranto;
Aun los chacales dan la teta, y amamantan a sus cachorros; La hija de mi pueblo es cruel como los avestruces en el desierto.
Es por causa de los pecados de sus profetas, y las maldades de sus sacerdotes, Quienes derramaron en medio de ella la sangre de los justos.
Nuestros padres pecaron, y han muerto; Y nosotros llevamos su castigo.
Las calzadas de Sion tienen luto, porque no hay quien venga a las fiestas solemnes; Todas sus puertas están asoladas, sus sacerdotes gimen, Sus vírgenes están afligidas, y ella tiene amargura.
El Señor llegó a ser como enemigo, destruyó a Israel; Destruyó todos sus palacios, derribó sus fortalezas, Y multiplicó en la hija de Judá la tristeza y el lamento.
Y mi alma se alejó de la paz, me olvidé del bien,
¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?
Mis ojos contristaron mi alma por todas las hijas de mi ciudad.
Oscuro más que la negrura es su aspecto; no los conocen por las calles; Su piel está pegada a sus huesos, seca como un palo.
Cazaron nuestros pasos, para que no anduviésemos por nuestras calles; Se acercó nuestro fin, se cumplieron nuestros días; porque llegó nuestro fin.
Los ancianos no se ven más en la puerta, Los jóvenes dejaron sus canciones.
Desapareció de la hija de Sion toda su hermosura; Sus príncipes fueron como ciervos que no hallan pasto, Y anduvieron sin fuerzas delante del perseguidor.
Todos los que pasaban por el camino batieron las manos sobre ti; Silbaron, y movieron despectivamente sus cabezas sobre la hija de Jerusalén, diciendo: ¿Es ésta la ciudad que decían de perfecta hermosura, el gozo de toda la tierra?
Lo tendré aún en memoria, porque mi alma está abatida dentro de mí;
Ríos de aguas echan mis ojos por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo.
Más dichosos fueron los muertos a espada que los muertos por el hambre; Porque éstos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra.
Nuestra piel se ennegreció como un horno A causa del ardor del hambre.
Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ella ha sido removida; Todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su vergüenza; Y ella suspira, y se vuelve atrás.
Mira, oh Jehová, y considera a quién has hecho así. ¿Han de comer las mujeres el fruto de sus entrañas, los pequeñitos a su tierno cuidado? ¿Han de ser muertos en el santuario del Señor el sacerdote y el profeta?
Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré.
Desplegaste la ira y nos perseguiste; mataste, y no perdonaste;
°Apartaos! °Inmundos! les gritaban; °Apartaos, apartaos, no toquéis! Huyeron y fueron dispersados; se dijo entre las naciones: Nunca más morarán aquí.
A los príncipes colgaron de las manos; No respetaron el rostro de los viejos.
El Señor ha hollado a todos mis hombres fuertes en medio de mí; Llamó contra mí compañía para quebrantar a mis jóvenes; Como lagar ha hollado el Señor a la virgen hija de Judá.
Dé la mejilla al que le hiere, y sea colmado de afrentas.
La ira de Jehová los apartó, no los mirará más; No respetaron la presencia de los sacerdotes, ni tuvieron compasión de los viejos.
Llevaron a los jóvenes a moler, Y los muchachos desfallecieron bajo el peso de la leña.
Has convocado de todas partes mis temores, como en un día de solemnidad; Y en el día del furor de Jehová no hubo quien escapase ni quedase vivo; Los que crié y mantuve, mi enemigo los acabó.
Torcer el derecho del hombre delante de la presencia del Altísimo,
Ligeros fueron nuestros perseguidores más que las águilas del cielo; Sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos pusieron emboscadas.